La suma de voluntades genera sinergias positivas

Colombia

Carolina González Araya, nació en la cuarta región de Chile en la ciudad de Ovalle, donde vivió solo un año, porque su padre trabajaba como caribenero (policía) y lo trasladaron a Santiago de Chile, y al llegar allá, se instalaron en la comuna de Puente Alto y allí vivió hasta que fue seleccionada para vivir un año en Colombia como voluntaria.

Su infancia en la comuna de Puente Alto fue muy agradable, en sus palabras, “porque no era muy urbanizada y en cambio estaba rodeada de mucho campo verde, vivía cerca de la cordillera y el río estaba a 30 minutos de distancia. En invierno el paisaje era adornado con nieve, y en verano pasaba el calor en el río”. En dicho ambiente creció acompañada de otros niños con quienes “jugaba a las escondidas y a la pelota, para ese entonces, había mucha unión entre vecinos, ya que entre todos organizaban la navidad y las fiestas patrias, lo cual generó lazos de confianza, convivencia”, y para ella, una infancia muy feliz.

Carolina  es trabajadora social con mención en intervención familiar, egresada de la Universidad de Ciencias de la Informática en Chile.  Es especialista en Intervención en Abuso Sexual Infantil, en Familia, y en Adolescencia desde una perspectiva de derechos.

Desde que egreso de la Universidad, trabajó en una residencia de protección especializada dependiente del Servicio Nacional de Menores. Su trabajado era con jóvenes entre 12 a 18 años de edad que presentaban grave vulneración a sus derechos y consistía en realizar una intervención interdisciplinaria y promover la restitución de derechos de los jóvenes, enfocado principalmente en restituir el derecho de vivir en familia.

Carolina expresa que Chile es un país solidario, que “ha unido fuerzas en los momentos difíciles para salir adelante”, y recalca, que “las instituciones que realizan voluntariados son muy bien vistas por la sociedad”. Su primer voluntariado fue en el colegio, porque este promovía actividades para que los estudiates estuvieran al servicio de personas que se encontraban en situación de vulnerabilidad, para fomentar así la solidaridad a través de acciones concretas. Posteriormente, mientras cursaba su pregrado, participó como voluntaria durante el verano en la cuarta región de Chile, por tres años seguidos en colegios en situación de vulnerabilidad realizándo trabajos de mejora de fachada e infraestructura, realizando talleres y actividades recreativas y formativas con los niños que asistían al colegio, así como con la comunidad.

Ahora, toma la decisión de ser voluntaria en América Solidaria, impulsada por su formación familiar, pues siempre se le inculco mirar al otro con respeto y dignidad. Otra razón que la motiva a ser voluntaria, es la posibilidad de ayudar con su formación profesional y personal a la construcción activa y colaborativa de una sociedad más justa y consiente, en la que se promueva el respeto por la dignidad humana y el pleno goce de derechos fundamentales, todo enmarcado desde el amor, reconocimiento y legitimación del otro, valorando y validando todas sus potencialidades, generando estrategias e intervenciones que propicien y fomenten la co-construcción de una sociedad más justa, inclusiva e íntegra, pasando del discurso a la acción, y jugando un papel activo en la sociedad.

Carolina comenta que la experiencia del voluntariado genera instancias de construcción, colaboración y aprendizaje mutuo, amplía la visión de mundo, permite vivir el encuentro con el otro y concluye mencionando que inicia su camino de voluntaria con la convicción de que un mundo mejor es posible, creyendo que la suma de voluntades genera sinergias positivas y que definitivamente es una experiencia transformadora, que llena el corazón y el alma.

Carolina González

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